La idea general es que hay un antes y un después de esta pandemia y que hay que reinventarse, por tanto, las empresas no van a ser las mismas cuando se logre salir de esta situación, más aún cuando el tiempo transcurre y se advierten nuevas mutaciones del temido COVID que nos sitúa en un escenario de incertidumbre prolongada.

Las empresas que sobrevivirán y las que mejor lo harán serán las que más rápido se adapten a los cambios de la sociedad. Por primera vez hemos entendido y sufrido de verdad lo que es la globalización. Nos hemos dado cuenta de que la globalización significa que los grandes y los pequeños son interdependientes, y eso antes no lo veíamos.

Si no somos capaces de que todos, grandes, pymes y pequeñas crezcan a la vez con un propósito real, la globalización no permitirá el crecimiento y el éxito, si no hay consistencia.

La supervivencia empresarial está asegurada en un propósito corporativo y creer en sus valores y llevarlos a la práctica. La sociedad no va a apostar por organizaciones que no estén a la altura de las circunstancias por las que estamos pasando.

Para lograr la “continuidad del negocio” hablamos de contar con la capacidad de sobrevivir a lo “perjudicial” todo lo que pueden tener un impacto negativo en la empresa, desde un brote de virus informático hasta el (covid-19) que ha provocado altos niveles de endeudamiento, la lentitud en los juicios de cobranza de deudas en los tribunales dificulta el recupero de cartera; a ello se agrega que la instalación de plataformas de atención virtual de los entes fiscalizadores de la actividad empresarial han resultado insuficientes, en algunos casos las actuaciones ejecutadas a través de estas plataformas, pueden carecer de valor legal, esto último lo señalo por un fallo judicial de la Corte de Apelaciones de Chillán que estableció que el finiquito electrónico, no permitió a la trabajadora hacer reserva de derechos, por tanto se confirmó el despido indebido demandado por ésta; actualmente la resolución de una petición administrativa puede tardar más de seis meses; los beneficios migratorios (solicitudes de visa, permanencias definitivas) de trabajadores extranjeros se resuelven entre los nueve meses al año.

¿Cómo el esfuerzo empresarial subsistirá bajo estas circunstancias? ¿cómo recuperar las operaciones mínimas y normales en el menor tiempo posible? La continuidad del negocio pareciese que se ve enfrentada a más riesgos y amenazas que el estallido social y el virus biológico del Covid. Evidentemente hay que realizar una reflexión sobre las estrategias y soluciones a implementar, pero este esfuerzo no recae solo en la empresa; se trata de que todos los componentes sociales asumamos nuestros roles y responsabilidades.

Los asesores empresariales debemos poner a nuestros clientes en el centro, debemos tener una política proactiva que les permita saber como los protegemos, conocer sus necesidades, prestar nuestro servicio de forma más flexible y abierta, haciendo las cosas de manera distinta y obviamente utilizando las herramientas tecnológicas, adaptándonos a esta nueva realidad sin descuidar el objetivo prioritario “acompañar a nuestro cliente en la supervivencia a la crisis y continuidad del negocio”.